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Efecto Flynn Inverso y La Economía de la Atención

Por: José Luis Arenas López

Al mirar la gran cantidad de recursos tecnológicos que se han puesto a disposición de esta nueva generación, podemos observar que esta es la generación más extraviada mentalmente y antes de culpar a los niños y adolescentes es importante reconocer que son los adultos los que irresponsablemente han puesto en sus manos estos recursos; han pasado varias generaciones en desarrollo y en plena involución y con ello, eventos extraordinarios con el paso del tiempo donde cada generación ha dado resultados en puntuaciones de inteligencia que fueron en aumento en muchos países en las diferentes generaciones, este desarrollo tecnológico en teoría debería ir a la par con el desarrollo mental de los niños y adolescentes de esta nueva generación, quienes deberían estar explotando en su máximo estos recursos, sin embargo, algo cambió en varios países desarrollados y subdesarrollados, esa tendencia creciente y positiva comenzó a frenarse e incluso a revertirse y entrar en decadencia, a este fenómeno se le da el nombre de Efecto Flynn Inverso.

Pero, ¿Cuál es la preocupación real? Al mismo tiempo que la tecnología y los medios de comunicación han evolucionado, los niños y los jóvenes de ahora entraron en un experimento que ninguna generación anterior había vivido de esta manera, éstos recibieron acceso prácticamente a todo y de forma ilimitada a diferentes medios capaces de ofrecerles entretenimiento infinito, vídeos de pocos segundos sin valor, notificaciones en tiempo real, videojuegos de última generación, ingreso a todas las redes sociales y de estos recursos reciben múltiples recompensas nuevas con solo mover un dedo en un dispositivo: El Celular.

Seamos realistas, el desarrollo académico y en consecuencia el profesional y el social van en decadencia, lo vemos, lo sabemos y nos preguntamos ¿por qué un niño o un adolescente no puede concentrarse más?, ¿por qué no termina un libro una vez que inicia su lectura?, ¿por qué todo lo no tecnológico les aburre?, ¿por qué necesita tener el celular en las manos mientras come o se encuentra en una reunión familiar?, ¿por qué hacer la tarea durante 20 minutos le parece una eternidad y se ve obligado a no concluirla por aburrimiento?

Es posible que quizá los adultos llevan años haciéndose estas preguntas equivocadas para responder a tantas incógnitas, porque el problema no es simplemente que esta generación sea menos capaz o se encuentre distraída, el problema es el tipo de cerebro que estamos entrenando y cómo lo estamos haciendo; leer un libro exige mantener la atención en cada línea, resolver un problema difícil exige frustrarse mientras se analiza, aprender algo nuevo exige repetir y repetir la idea hasta memorizarla, el aburrimiento le exige al cerebro encontrar que hacer sin recibir una recompensa inmediata, lo cual deja de generar valor.

En la actualidad encontrar todos estos recursos en un celular es muy fácil, si algo no te gustó, deslizas hacia arriba y sigues mirando, es cuestión de segundos; te burre lo que ves o lo que oyes, deslizas; lo que ves o lo que oyes no te sorprendió, fácil, deslizas, miras un vídeo, otro, otro y cada vez que aparece algo más que percibas interesante tu cerebro aprende una pequeña lección, no importa si es buena o mala, es una lección, entonces tu cerebro piensa: para qué soportar el aburrimiento si puedo escapar de él en un segundo y aquí está lo que debería preocupar a los adultos o a los padres, porque una vez agotada las vistas a los diferentes recursos, el niño o el adolescente guarda el celular para desconectarse momentáneamente de lo irreal, mientras el mundo real sigue estando ahí, siendo lento, sin emociones.

En contraste, una maestra por muy hábil que sea, no cambia de tema cada 15 segundos a voluntad del interés de cada estudiante; un libro no tiene scroll infinito; las matemáticas no dan entretenimiento inmediato; una conversación no tiene botón para saltarla sin dar respuestas u ofrecer soluciones.

Construir cualquier cosa importante en la vida es relevante, para logarlo requiere exactamente aquello que se está dejando de entrenar: atención, paciencia, esfuerzo y tolerancia a la frustración.

Por eso el problema no es solamente cuánto tiempo pasa un niño o un adolescente frente a una pantalla, la pregunta es mucho más importante, es decir, ¿cómo se está entrenando el cerebro durante todas esas horas?, porque nosotros fuimos los adultos que pusimos esta tecnología en sus manos, muchas veces para que comieran, para que estuvieran tranquilos, para poder trabajar, para tener 5 minutos de silencio y ahora estamos empezando a descubrir cuál es el precio de haber convertido una herramienta en una niñera y aquí viene la parte importante, el cerebro puede cambiar, la atención se puede entrenar, la paciencia se puede entrenar, la lectura se puede entrenar, la capacidad de aburrirse también se puede recuperar, así que quizá esta no tenga que convertirse en la generación mas idiotizada de la historia, puede convertirse en la generación que aprendió a utilizar la tecnología sin permitir que la tecnología la utilizara a ella, pero para eso primero tenemos que dejar de culpar a los niños y a los adolescentes y empezar a observar lo que nosotros mismos pusimos en sus manos.

El problema no termina aquí, esta generación piensa que está triste, deprimida y sin energía, esto no es otra cosa más que Brain Rot, la generación actual no entiende que no se trata de cansancio mental, es su cerebro el que se está pudriendo de verdad y la ciencia ha descubierto cuatro efectos terribles que el Brain Rot está causando en el cerebro de la nueva generación.

¿Qué es el Brain Rot? Primero se debe saber que esta palabra fue elegida como la palabra del año en Oxford y su significado es la deterioración del estado mental e intelectual debido a la sobreexposición a contenidos superficiales y repetitivos sin sentido; en la actualidad la ciencia esta estudiando los efectos destructivos de esto.

El primer efecto, establece que los estudiantes de cualquier nivel académico que pasan más de tres horas al día en redes sociales ya tienen un 20% menos de capacidad de concentración en actividades académicas, al mismo tiempo han perdido el interés; el segundo efecto dicta que esta generación consume muchos memes y vídeos con ideas absurdas y sin lógica, por lo que el contenido es poco profundo, en consecuencia tienen menos capacidad para cuestionarse e innovar en comparación a las generaciones pasadas; el tercer efecto, es la desintegración de la creatividad, es decir, hay muchos niños y adolescentes que están reportando bloqueo creativo y falta de ideas porque no consiguen apagar el cerebro de la contaminación digital, se han vuelto dependientes de las facilidades de las tecnologías y han dejado de esforzarse y de pensar, si pasan un minuto sin entrar al celular ya creen que están perdiendo algo mismo que no tiene valor, el Brain Rot también es uno de los mayores factores que está causando esta epidemia de salud mental, porque los estudios ya muestran que está dependencia está ligada a la ansiedad, a la depresión, al fomo y al cyberbullying, entonces, ya tenemos más de un 20% de niños y adolescentes que reportan problemas de salud mental sin contar a los que se quedan callados, es muy posible pensar que estos problemas y efectos no nos afectan, siendo esto una mentira y es aquí donde entra en acción el cuarto efecto, esta nueva generación es la generación que se volverá la consumidora de miles de productos y servicios en los próximos años y si su capacidad de prestar atención ya es menor que la de un pez pastor inglés y los creativos de hoy tampoco ponen atención a este fenómeno, todos nos quedaremos atrás y muy perdidos en la economía de la atención y aquí es donde todo empieza a cambiar, porque si no entendemos como captar la atención de las personas en este nuevo entorno nos quedaremos invisibles y quizá en el olvido, hoy tenemos tan solo tres segundos para captar la atención de las nuevas generaciones y este es el verdadero reto, ya que los mensajes deben ser directos y concisos donde el valor principal se basa en la conexión emocional a través de un contenido relevante y útil.

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