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DIPUTADO ALFONSO VIDALES “EL DEFENSOR DE LAS NUEVAS GENERACIONES”

Hay personas que llegan a la vida pública impulsadas por una ideología, por una oportunidad o por una coyuntura política. Otras, en cambio, encuentran su causa en las experiencias que les ha tocado vivir. En el caso del diputado Alfonso Vidales, su compromiso con la niñez mexicana nació mucho antes de ocupar una curul en la Cámara de Diputados. Nació en casa, entre las enseñanzas de sus abuelos, en las lecciones de trabajo que marcaron su infancia y, más recientemente, en los desafíos personales que han transformado profundamente su manera de entender la vida.
Quienes lo conocen suelen llamarlo “Poncho”. Él mismo lo dice con naturalidad. Alfonso es para los momentos formales; Poncho es para los amigos. Y quizá esa cercanía explica en parte por qué, al hablar de sus proyectos y convicciones, lo hace más desde la experiencia humana que desde el discurso político.

Durante una conversación con Revista Asesores, el legislador compartió las historias que han definido su trayectoria, los retos que enfrenta actualmente y la razón por la que ha decidido colocar a la infancia como una prioridad dentro de su agenda pública.Al recordar sus primeros años, la nostalgia aparece de inmediato. Su infancia estuvo profundamente ligada a sus abuelos, quienes desempeñaron un papel fundamental en su formación. Como sucede con miles de familias mexicanas, fueron ellos quienes se encargaron de buena parte de su educación mientras su madre trabajaba para sacar adelante el hogar.

Su abuelo fue el primer sastre de Tlalnepantla. Su abuela, por su parte, era modista. Juntos construyeron no solo un oficio, sino también una forma de entender el esfuerzo y la responsabilidad.
“Siempre iba muy bien vestido a la escuela”, recuerda entre sonrisas. Pero detrás de esa anécdota existe una enseñanza mucho más profunda. Desde pequeño observó cómo su abuelo confeccionaba cada traje con paciencia y precisión. Aprendió sobre telas, patrones, materiales y detalles que pocos niños de su edad conocían. Más importante aún, entendió que las cosas valiosas requieren tiempo, dedicación y compromiso.
Aquellas lecciones permanecen presentes hasta hoy. Cuando habla de política, de servicio público o de iniciativas legislativas, constantemente vuelve a conceptos como la constancia, la disciplina y el trabajo en equipo.

“Uno puede sentirse a veces como un predicador en el desierto, pero es importante mantenerse firme y seguir trabajando. Los cambios importantes no ocurren de un día para otro”.
Esa visión de largo plazo es la misma que aplica cuando reflexiona sobre el futuro de México y particularmente sobre las nuevas generaciones.
Para Vidales, hablar de infancia en la actualidad significa abordar uno de los temas más urgentes del país. A diferencia de otras épocas, considera que los niños de hoy están creciendo en un entorno lleno de incertidumbres que van desde la violencia hasta la falta de oportunidades económicas.
“Cuando pensamos en la infancia solemos imaginar alegría, juegos o sueños. Pero la realidad es que muchos niños están creciendo rodeados de problemas que no deberían formar parte de su vida cotidiana”.
El legislador observa con preocupación cómo las nuevas generaciones enfrentan desafíos que hace algunas décadas parecían impensables. Mientras sus abuelos pudieron acceder a terrenos, viviendas y espacios amplios para desarrollar una vida familiar, hoy cada vez más jóvenes encuentran dificultades para adquirir un patrimonio propio.
A ello se suman los problemas ambientales, la inseguridad, la falta de acceso equitativo a oportunidades y un mercado laboral que cambia a una velocidad sin precedentes.
“Estamos dejando un mundo más complicado que el que recibimos. Nos estamos acabando recursos naturales, estamos construyendo ciudades cada vez más hostiles y al mismo tiempo les exigimos a los jóvenes que encuentren soluciones a problemas que nosotros mismos generamos”.
La llegada de nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial representa otro desafío que no puede ignorarse. Vidales considera que las futuras generaciones competirán en condiciones muy distintas a las actuales y que el Estado debe prepararse para acompañarlas en esa transición.

Sin embargo, más allá de las estadísticas o los diagnósticos, existe una razón profundamente personal detrás de su interés por la infancia.
Durante años, él y su esposa han enfrentado dificultades para convertirse en padres. Es un tema que aborda con sensibilidad, consciente de que miles de parejas mexicanas atraviesan situaciones similares sin encontrar espacios donde hablar de ello.
“Fue un proceso difícil. Como muchas parejas, imaginamos una vida con hijos. Cuando entiendes que esa posibilidad puede no llegar, tienes que replantearte muchas cosas”.

Lejos de quedarse en la frustración, encontró una nueva forma de canalizar ese sentimiento.
“Si no puedo tener hijos propios, entonces quiero dedicar mi esfuerzo a cuidar a los hijos de México”.
La frase no surge como un recurso discursivo. Se percibe como una convicción auténtica que atraviesa gran parte de su trabajo legislativo. Para él, la paternidad va mucho más allá del vínculo biológico. Tiene que ver con proteger, acompañar y construir condiciones para que otros puedan desarrollarse plenamente.
Esa misma lógica lo llevó a involucrarse profundamente en temas de salud, otra de las grandes causas que hoy ocupan su agenda.
Hace poco más de un año recibió una noticia que cambiaría radicalmente su vida. Sus riñones dejaron de funcionar adecuadamente y tuvo que iniciar un tratamiento permanente de hemodiálisis.
Desde entonces, dos veces por semana debe dedicar varias horas a un procedimiento indispensable para continuar con sus actividades cotidianas.
“Cuando tu vida depende de una máquina, tus prioridades cambian”.

La experiencia le permitió conocer de cerca una realidad que afecta a millones de mexicanos. Mientras él cuenta con los medios para enfrentar los costos del tratamiento, es consciente de que muchas familias deben elegir entre comprar medicamentos o cubrir necesidades básicas del hogar.
“Hay personas que tienen que decidir entre alimentar a su familia o pagar un tratamiento. Esa realidad no puede seguir siendo ignorada”.
A partir de esa experiencia personal ha impulsado propuestas relacionadas con la prevención de enfermedades renales, el fortalecimiento de la cultura de donación de órganos y la promoción de los trasplantes como una alternativa más efectiva y humana.

Particularmente le preocupa el impacto que estas enfermedades tienen en la infancia.
“Si para un adulto resulta difícil pasar horas conectado a una máquina, imagina lo que significa para una niña o un niño que debería estar jugando, aprendiendo o conviviendo con sus amigos”.
La defensa de la infancia no se limita a la salud. También incluye aspectos emocionales, educativos y sociales.
Uno de los proyectos que más satisfacción le generan es “Guardianes del Congreso”, una iniciativa que permite escuchar directamente la voz de niñas y niños de distintas partes del país.
Lo que ha descubierto en esos encuentros lo ha llevado a replantear muchas cosas.
“Esperarías que los niños hablaran de juguetes o de juegos, pero muchos hablan de violencia, de inseguridad o de problemas familiares”.
Recuerda especialmente a un niño de apenas diez años que pidió menos violencia y más oportunidades para las niñas.
Aquella respuesta lo impactó profundamente.
“Cuando un niño habla de esos temas, significa que algo está ocurriendo en su entorno y que debemos prestar atención”.
La preocupación aumenta al observar el crecimiento de los indicadores relacionados con salud mental infantil.
Para Vidales, uno de los datos más alarmantes es el incremento en los casos de suicidio entre menores de edad.
“Un niño no debería querer abandonar la vida. Si eso está ocurriendo, tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo mal como sociedad”.
Por ello insiste en que las políticas públicas deben cambiar de enfoque. En lugar de reaccionar únicamente cuando aparecen problemas de violencia o delincuencia, considera que es necesario intervenir desde las etapas más tempranas del desarrollo.
“La mejor estrategia de seguridad es construir infancias sanas, protegidas y acompañadas”.

Esta visión también se refleja en la manera en que imagina las ciudades del futuro.
Para el diputado, el diseño urbano debería comenzar preguntándose si una ciudad funciona para las niñas y los niños.
Utiliza un ejemplo sencillo: un botón de pánico instalado a una altura que un menor no puede alcanzar.
“Si un niño no puede utilizar una herramienta diseñada para protegerlo, entonces algo estamos haciendo mal”.
Por ello ha mostrado interés en modelos implementados en ciudades como Zapopan, donde gran parte de las políticas públicas están diseñadas pensando primero en la niñez.

La movilidad, la salud, los espacios públicos y la seguridad, afirma, deben construirse desde esa perspectiva.
Como complemento a este trabajo nació “Ponchito”, un personaje inspirado en él mismo que utiliza para acercarse a las niñas y los niños en escuelas y actividades comunitarias.
Más que una caricatura, se ha convertido en una herramienta para transmitir valores relacionados con el cuidado del medio ambiente, el respeto por los animales, la convivencia pacífica y la responsabilidad social.
“Los cambios culturales no se logran de la noche a la mañana. Hay que sembrarlos desde la infancia”.
La misma preocupación se extiende hacia los jóvenes. Vidales considera que las nuevas generaciones enfrentan desafíos enormes relacionados con la vivienda, el empleo y la salud mental.
A su juicio, uno de los mayores errores de la política tradicional ha sido hablar en nombre de los jóvenes sin permitirles participar en la toma de decisiones.
“Los jóvenes tienen la capacidad de transformar al país, pero primero deben reconocer el poder que tienen”.
Por ello defiende la apertura de espacios reales de liderazgo para nuevas generaciones y destaca la importancia de incorporar ideas frescas en la construcción de políticas públicas.
A lo largo de la conversación, una idea aparece constantemente: la necesidad de escuchar.
Escuchar a quienes viven una enfermedad. Escuchar a quienes enfrentan dificultades económicas. Escuchar a los jóvenes. Escuchar a las familias. Y, sobre todo, escuchar a las niñas y los niños.
Quizá por eso, cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, evita hablar del futuro.
Prefiere concentrarse en el presente.
“Lo importante es aprovechar el tiempo que tenemos para generar cambios. El futuro nadie lo conoce. Lo único que podemos hacer es trabajar hoy”.
Esa filosofía parece resumir su manera de entender el servicio público: actuar desde la experiencia personal, pero pensando siempre en quienes vienen detrás.
Antes de concluir la conversación, comparte una frase que se ha convertido en una especie de brújula para su trabajo legislativo.

“Si un niño te dice que algo está mal, entonces está mal”

Más que una reflexión, es una invitación a replantear prioridades.
Porque para Alfonso Vidales, el verdadero desarrollo de un país no se mide únicamente por sus indicadores económicos o por sus cifras de crecimiento. Se mide por la capacidad de garantizar que cada niña y cada niño puedan crecer seguros, saludables y con la posibilidad real de construir un mejor futuro.
Y en esa tarea, asegura, vale la pena dedicar todos los esfuerzos

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