Estudios Churubusco: Que 80 años no es nada
Por: Hugo Lara Chávez
Estamos de fiesta en el cine mexicano. O, si se prefiere, estamos en una celebración que nos da pie a reflexionar. Este 2025 los legendarios Estudios Churubusco cumplen 80 años de iniciar operaciones, allá por 1945 con la película “La morena de mi copla” dirigida por Fernando A. Rivero. Y desde entonces son cientos de películas que se han filmado allí de todos los géneros y calibres, muchas de las cuales le han dado forma a la cinematografía nacional y proyección a grandes figuras mexicanas y extranjeras que sería imposible enlistar en este artículo.
Desde 1943 ya se sabían algunos detalles de ese mega proyecto, según las notas publicadas por Cinema Reporter y de las que Tomás Pérez Turrent da cuenta en el libro “La fábrica de sueños. Estudios Churubusco 1945-2015”. Las reseñas anunciaban unos estudios cinematográficos que serían la envidia de los de Hollywood.
La construcción de los Churubusco fue posible mediante la sociedad Productores Asociados Mexicanos S.A., encabezada por el empresario de la radio Emilio Azcárraga Vidaurreta, en alianza con la productora estadounidense RKO Radio Pictures, así como la intervención del también estadounidense Harry Wright, presidente del fraccionamiento Country Club. Todo esto ocurrió en el mejor momento de la Época de Oro del cine mexicano, cuando la producción marchaba viento en popa, favorecida por la Segunda Guerra Mundial y el apoyo de Estados Unidos a la industria fílmica mexicana mediante película, equipo y capital.
Los Churubusco se erigieron originalmente sobre una extensión de 160 mil metros cuadrados, con 12 foros, oficinas, un extenso backlot y otras áreas de servicios. La idea era cubrir la producción creciente del cine nacional, que había producido 71 películas en 1943 y 74 en 1944, pero que con esta nueva infraestructura podía alcanzar hasta las 125 por año, contando lo que podían sumar otros estudios de la Ciudad de México como los CLASA o México Films. En 1950, los Estudios Churubusco se fusionaron con los Laboratorios Azteca para dar paso a los Estudios Churubusco Azteca S.A.
El fin de la Época de Oro supuso un gradual deterioro de la industria. Durante las siguientes décadas, los Churubusco fueron adaptándose a las nuevas circunstancias y cambiando de manos, en una historia paralela a las crisis y bonanzas en el cine mexicano. En 1960, el Estado adquirió la totalidad de las acciones que quedaban en manos de empresarios privados.
En 1993, tuve la suerte de entrar a trabajar al Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que entonces justamente ocupaba uno de los viejos edificios de oficinas de los Churubusco, que ya no existe. Ese año, era inminente su modificación, puesto que empezarían en breve las obras para levantar en casi dos tercios del predio lo que ahora es el Centro Nacional de las Artes. Me tocó conocer por dentro los antiguos estudios en toda su magnitud, meses antes de que comenzara la obra que los redujo al tamaño que hoy tienen: 60 mil metro cuadrados, 9 foros, oficinas, laboratorio y salas de postproducción de sonido, entre otras áreas.
Eso fue ya hace más de 30 años y ha habido desde entonces importantes cambios que han transformado aún más a los Churubusco. En el aspecto legal, operan como una entidad de la Administración Pública Federal Paraestatal, lo que le permite la flexibilidad suficiente para administrarse con fines mercantiles, para brindar diversos servicios a las filmaciones mexicanas y extranjeras que así lo requieren.
Los Churubusco, también, han tenido que evolucionar hacia el cine digital, una vez que este formato desplazó a la película de celuloide como base de la producción en todo el mundo, a lo largo del presente siglo. Eso supuso una transformación tecnológica radical, quizás la más importante desde la llegada del sonido al cine, a fines de los años veinte del siglo XX.
En parte debido al formato digital y su accesibilidad, la producción de cine en México alcanza cifras positivas —a diferencia del déficit en el sector de la distribución y exhibición—, puesto que nunca se ha producido tanto como en la última década. Según el Anuario Estadístico de IMCINE, solo en 2024 se filmaron 240 largometrajes, 99 con apoyo público y los demás con el cien por ciento de capital privado. Y si bien dominan los rodajes en locaciones, una parte sigue necesitando los foros y estudios para filmar ciertas escenas.
Asimismo, la era de Internet abrió el camino para que las plataformas como Netflix transformaran la forma de imaginar, realizar y consumir contenidos audiovisuales, algo que terminó por imponerse con la pandemia de 2020 en todo el planeta. Tanto las películas como las series en estas ventanas, vienen creando nuevos referentes en la industria que hoy en día marcan el porvenir. Para muestra basta un botón: apenas en febrero pasado, Netflix anunció una inversión de mil millones de dólares para su producción audiovisual en México entre 2025 y 2028 y, adicionalmente, apoyará a los Estudios Churubusco para modernizar sus instalaciones.
En ese sentido, la tendencia a usar herramientas digitales es cada vez más fuerte, incluyendo los avances que se ha tenido con la Inteligencia Artificial, lo que supone nuevos desafíos para Estudios Churubusco, en el sentido de que es necesario no solamente mantenerse a la vanguardia tecnológica con equipo, software y fierros, sino en la capacitación del personal, creación de nuevos perfiles y especialistas que puedan involucrarse en los proyectos, así como en el esfuerzo de rediseñar sus tareas y actividades en función de estas nuevas condiciones.
No obstante, los procesos con película de 35 mm o 16 mm siguen vigentes, ya sea por razones de preservación o por decisiones creativas, lo que mantiene activo a áreas como el laboratorio.
El auge del streaming, las nuevas formas de visualización inmersiva y el crecimiento sostenido en la asistencia al cine a nivel mundial, además de un extenso público que consume audiovisual en abundancia desde sus dispositivos personales como el celular, está generando demanda de espacios de producción, lo que ha llevado al desarrollo de complejos como Shinfield Studios, el nuevo estudio cinematográfico más grande del Reino Unido.
De cara al futuro, los estudios deben responder a desafíos como la adopción de tecnologías emergentes como la producción virtual y la inteligencia artificial, así como la inclusión de creadores independientes que están revolucionando la industria desde sus hogares e incluso la sostenibilidad ambiental. Estas transformaciones exigen un replanteamiento profundo del diseño arquitectónico, así como de las estrategias administrativas y logísticas: los estudios deben ser flexibles, eficientes en energía y fácilmente adaptables.
No hay un modelo a seguir, pero es clave pensar en soluciones constructivas sostenibles, materiales reciclables y fases de desarrollo aceleradas que permitan iniciar la filmación a los pocos meses de recibir los permisos. Este enfoque debe adaptarse a una industria que demanda velocidad, innovación y responsabilidad ambiental. Los Churubusco del futuro no sólo deberán albergar mega producciones, sino también convertirse en incubadoras accesibles para nuevos talentos, reflejando una industria cinematográfica más diversa, descentralizada y tecnológicamente avanzada.





