Veinte años de documental en México

Por: Inti Cordera

Dos décadas han transcurrido desde el 2006, un año que podríamos considerar emblemático en la historia contemporánea de la cinematografía de la no ficción en nuestro país. Dos décadas en las que hemos visto desarrollarse no una, sino varias generaciones de cineastas-documentalistas que han volteado sus miradas a la realidad y, con talento e imaginación, hacerlas películas, cortas, largas y de muy diversas propuestas narrativas, haciendo de este género un fértil campo de creación.

Ese año vio nacer a dos espacios de difusión del género documental, ahora considerados referentes en México e Iberoamérica: Ambulante y DocsMX, los cuales se sumaron a la oferta que en aquellos años proponían festivales como el de Guadalajara, con una ya reconocida trayectoria; Morelia, que comenzaba a posicionarse como un evento indispensable en la agenda anual; FICCO, pionero en la Ciudad de México; Expresión en Corto, que en Guanajuato se transformaría tiempo después en el GIFF o el Festival Internacional de Cine de Monterrey, que comenzaba a dar sus primeros pasos. Asimismo, en Colima, Zanate, el festival de cine documental mexicano, estaría pronto a levantar sus alas. En el norte del país, BorDocs en Tijuana y DocsTown en Mexicali, así como en el pueblo mágico de Tepoztlán, Morelos, el Festival de la Memoria, se sumaban a promover, difundir y acompañar al género que vio nacer al cine y han sido testigos a lo largo de todos estos años de la fuerza e importancia que la no ficción tiene. 

DocsMX, el festival que nació como DocsDF para abrir en la Ciudad de México un espacio dedicado a este género, se transformó en una organización cultural independiente comprometida con la exhibición, la formación y el desarrollo de nuevos proyectos de forma anual y permanente. En veinte años ha visto pasar por sus funciones a más de un millón de espectadoras y espectadores, programado más de 13 mil funciones y acompañado el desarrollo de más de mil nuevos proyectos, muchos de los cuales han llegado a la pantalla.

Todos estos espacios de promoción e exhibición de nuestro cine, así como los de muchas otras geografías, eran pantallas donde el público, la prensa, críticos y programadores comenzaban a ver y reconocer el gran talento y creatividad con los que cineastas hoy reconocidos en todo el mundo, como Nicolás Echevarría, Juan Carlos Rulfo, Christiane Burkhard, Everardo González, Lucia Gaja o Alejandra Islas, compartían sus primeros trabajos con ya no pocas y nuevas generaciones que serían inspiradas por los trabajos realizados en muy diversas geografías, los cuales, gracias a los festivales de cine, podían acceder y disfrutar. 

La industria documental mexicana comenzaba a fortalecerse y consolidarse como una de las cinematografías más robustas y abundantes no solo en Iberoamérica, sino en todo el planeta, sumando una larga cosecha de premios internacionales tan larga que sería casi imposible resumirla en unas cuantas líneas.

Ecuaciones afortunadas, festivales de cine y talentosas propuestas de las y los cineastas, así como una inagotable veta de historias por contar, nos han dejado una extensa lista de cientos de obras audiovisuales documentales en están dos décadas, testigos de nuestros tiempos, de nuestra realidad, del trascurrir de la historia reciente, de nuestras alegrías, pero también, de nuestras preocupaciones y dolores. Dejando también patente y latente otra realidad: la de un cine que, además de reflejar contundentemente el gran talento de quienes lo realizan, se manifiesta como una poderosa herramienta de conciencia, reflexión y diálogo para el cambio social que, por medio de la pantalla, transporta al público por una ventana a muy diferentes realidades. Y si bien un documental no puede cambiar el mundo, sí puede ayudarnos a pensar cómo hacerlo. 

En este recuento de la historia reciente del cine documental en nuestro país, es necesario darle crédito a una acertada política pública, lidereada desde el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y sus recientes titulares: Marina Stavenhagen, Jorge Sánchez, María Novaro y ahora Daniela Alatorre, quienes a pesar de la presión presupuestal que el Imcine ha enfrentado en estas últimas dos décadas y a la extinción de importantes programas a la creación y la producción como Foprocine y Fidecine, lograron sostener estímulos a los que la creciente comunidad podía acceder por medio del nuevo Focine. Tampoco podemos dejar de mencionar al Eficine: un programa que año con año, a través del estímulo fiscal y la participación de cada vez más empresas contribuyentes, aporta importantes recursos para la producción y distribución del cine hecho en México. 

También es fundamental el trabajo que llevan a cabo la Cineteca Nacional, las cinetecas estatales y la creciente red de salas independientes, cineclubes y espacios de exhibición alternativos para fortalecer un tejido de pantallas que garantiza, al tiempo que las pantallas comerciales no lo hacen, el acceso del público mexicano a su propio cine.

Es verdad, para ir concluyendo este breve recuento, que en años recientes la gran industria, antes los networks, ahora las plataformas, miran con mucha más atención al documental mexicano y a su comunidad de creadores para desarrollar nuevos proyectos para sus audiencias, aportando grandes inversiones a su producción. Hecho que, sin duda, beneficia a la industria nacional, pero también invita a una profunda reflexión sobre los contenidos que actualmente promueve y sobre otros muchos contenidos sobre la realidad nacional, nuestra rica cultura e historia, que son relevantes y pueden ser de interés para las audiencias, así como contribuir a la internacionalización de nuestro país, más allá de los reality shows, docuseries de narcos y true crime, pero que no están llegando a esas plataformas todavía.

En resumen, veinte años se abren como un gran abanico de anécdotas e historias contadas y muchas aún por contar.

Semblanza

Director y productor de cine documental. Socio fundador de La Maroma Producciones (1995) y de la organización cultural independiente DocsMX (2006). Posee más de 25 años de trayectoria como director y productor, durante los cuales ha llevado a cabo numerosos proyectos de largometraje documental, series y programas de televisión seleccionados y galardonados en reconocidos festivales de México, América Latina, Norteamérica y Europa. Asimismo, ha participado como jurado en festivales y comités de evaluación de proyectos, así como en talleres, foros de análisis y mesas de trabajo en más de 15 países. Miembro fundador de la Red Mexicana de Festivales Cinematográficos AC (2011). De 2016 a 2021 fue el representante de dicha red ante el Consejo Consultivo de la C-Filma de la Ciudad de México. En junio de 2024 fue invitado a formar parte del Consejo Consultivo de la Ley de Espacios Culturales Independientes y en abril de 2025 del Consejo directivo de la International Documentary Association (IDA).

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