Una nueva era de la protección a la propiedad industrial en México
Junto a los derechos humanos, producto de la dos posguerras que se vivieron a principios de siglo XX, una de las ramas del Derecho que irrumpió con fuerza en la pasada centuria fue la de la propiedad Intelectual.
Sin ser tan añeja como otras -la penal, familiar, incluso el derecho canónico, tienen una tradición más larga-, en nuestro contexto actual posee una importancia capital ya que es difícil entender nuestra realidad sin el desarrollo y los avances científicos, así como la protección de marcas en una economía global.
El desarrollo de la tecnología requiere de innovaciones e inventos que la faciliten. Éstos, a su vez, necesitan un marco regulatorio que sirva a dos objetivos. El primero destinado a evitar un mal uso de la misma, poniendo freno a patentes que busquen dañar o afectar a la humanidad, así como otros seres. Muestra de lo anterior es que la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, en su artículo 49 establece qué no puede ser sujeto de patentamiento, por ejemplo, los procedimientos de modificación de la identidad genética de los animales, que supongan para éstos sufrimientos sin utilidad médica o veterinaria sustancial.
El segundo se ubica en un polo opuesto y es el relativo a la protección de las creaciones e inventos -un derecho humano reconocido en diferentes instrumentos internacionales como en el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos- que es indispensable para asegurar que cualquier persona que lleve a cabo un descubrimiento o una innovación sea reconocida como tal y reciba los méritos y regalías que de ello devenga. Así, proteger es sinónimo de seguridad y esta última se traduce en confianza.
Los efectos de lo anterior no son menores, dado que una debida tutela facilita un entorno para que todo el ecosistema de la propiedad intelectual se reproduzca y de paso a nuevos desarrollos e innovaciones, es decir, incentiva que las y los inventores desarrollen y generen conocimiento aplicado.
Esto que parece tan obvio, durante décadas fue pasado por alto, colocándonos en una posición de desventaja con respecto a otras naciones. Hoy es diferente y por fortuna tomamos conciencia de ello. En México, podemos afirmar ya, hemos hecho de la cultura de la protección de la propiedad industrial una realidad, alcanzando cifras que antes parecían lejanas.
Si somos capaces de establecer barreras y récords, también bien nos encontramos en posibilidad de romperlos. ¿Como lograrlo? No basta con repetir lo que hicimos el último año, ya que eso a la postre repetir evita innovar. Por ello, desde el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) estamos poniendo en marcha una reingeniería institucional de procesos, leyes y herramientas que serán en beneficio de la ciudadanía.
Algunos ejemplos que dan cuenta de lo anterior son la simplificación de procesos en coordinación con la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones; la reforma a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y la próxima publicación de su Reglamento -una cuenta pendiente desde hace cinco años-; así como el uso de herramientas que incorporan la Inteligencia Artificial, destacando el denominado IMPIBot, programa que servirá de apoyo a las labores del Instituto en materia de prevención de infracciones administrativas; una de sus funciones, entre otras, será la verificación al instante de marcas registradas sin que la persona tenga que recurrir a la consulta de bases de datos a través de medios manuales.
Es preciso señalar que no es la única herramienta o uso de IA en las funciones del IMPI, ya que desde hace años contamos con MARCia (Inteligencia Artificial para Marcas) y también hemos diseñado en los últimos meses programas de georreferencia y de apoyo en la traducción para la labor de las personas examinadoras en las áreas de patentes y marcas.
No menos importante es la promoción de una cultura de protección de la propiedad intelectual, sobre todo con actores clave como las universidades y otras instituciones de educación superior. Así, desde el IMPI lanzamos la Red para el Desarrollo de la Propiedad Industrial en Educación Superior (REDEPI) que será fundamental para lograr el propósito de hacer de México no sólo un lugar donde patentar sea seguro, sino también que se fomente el patentamiento nacional.
En el mismo camino y con el propósito de no quedarnos en el mínimo requerido, estamos fomentando, en conjunto con la Secretaría de Economía, la transferencia de tecnología a partir de estrategias institucionales como los es la plataforma Mentes en acción, que a la fecha lleva dos ediciones y la cual representa una oportunidad única de vincular a emprendedoras y emprendedores con actores clave como inversionistas nacionales e instituciones de educación superior.
Así, citando a Robert Frost, estamos eligiendo el camino menos transitado, y eso hará toda la diferencia.





