Hasta Rompernos

Por: Vivien Chaparro

El pasado 29 de marzo de 2025 tuve la oportunidad de dar una charla en la plataforma TEDx Talks, edición Tizatlán, en el estado de Tlaxcala, México. En ella compartí el mensaje titulado “Hasta Rompernos”, inspirado en mi libro próximo a publicarse: Las 5 Claves para la Plenitud en la Vida. Específicamente, la charla se basó en la primera parte del libro: Clave 1 – Familia, y en el capítulo titulado “¿Hasta qué punto de humillación tiene que llegar un ser humano para establecer límites?”.

El título de este capítulo plantea una pregunta compleja, ya que muchas veces nos resulta difícil enfrentar y aceptar nuestra realidad. Preferimos vivir en una zona de confort, ignorando el malestar interno que nos causa la falta de límites en nuestras relaciones. Sin embargo, la realidad siempre supera la ilusión, y con frecuencia nos encontramos tratando de complacer a los demás mientras nos sentimos rotos, vacíos e inconformes con nuestra vida.

Las relaciones interpersonales tienen un peso significativo en nuestra vida. Para ilustrarlo, utilizo la analogía de un barco con dos remos: imagina que estás remando con otra persona, pero esta no colabora y, además, va introduciendo agua al barco con un vaso. Es un proceso lento, pero al final, terminas remando en círculos y hundiéndote junto a ella. Así ocurre con las relaciones tóxicas: nos aferramos a la humillación, el maltrato y la desvalorización, permitiendo que otros nos minimicen.

Muchas veces queremos compartir nuestros sueños y logros con personas que, en lugar de apoyarnos, nos desaniman y obstaculizan nuestro crecimiento. Llega un punto en que, de manera inconsciente, internalizamos sus comentarios negativos y empezamos a dudar de nuestras propias capacidades. Esto nos lleva a abandonar nuestros proyectos y metas. Por ello, es fundamental rodearnos de personas que nos edifiquen y nos ayuden a mejorar con amor, en lugar de juzgarnos o menospreciarnos.

Después de un largo proceso de aprendizaje, comprendí que las personas adecuadas para estar en mi vida serán aquellas que me hagan sentir en casa. La primera vez que experimenté esta sensación fue a los 15 años, durante un proceso de sanación espiritual. Tras el divorcio de mis padres, corrí y, mientras inhalaba profundamente, sentía cómo el aire ingresaba a mis pulmones y el oxígeno pasaba a mi sangre, mientras el dióxido de carbono era exhalado. En ese intercambio de gases, sentí paz y estabilidad, y mi mente repitió la frase: “Todo está bien, tú estás bien, todo va a salir bien”.

Fue en ese momento que surge la pregunta: ¿Hasta qué punto de humillación tiene que llegar un ser humano para establecer límites? La respuesta es sencilla: hasta rompernos. Es lo que conocemos como “tocar fondo”. Solo cuando nos rompemos, nos damos cuenta de que no pertenecemos a un lugar donde no se nos valora. Nadie tiene derecho a humillarte ni minimizarte. La humillación es la consecuencia final cuando aceptamos el trato que se nos está dando, y la única persona que sufre las consecuencias eres tú.

Durante mi charla, también hablé de las consecuencias físicas, psicológicas y moleculares de vivir en entornos tóxicos. El cerebro y el cuerpo humano no distinguen entre una amenaza real y una ficticia. Cuando imaginamos escenarios catastróficos, nuestro cuerpo reacciona como si realmente los estuviéramos viviendo. Esto genera estrés, ansiedad y somatización en el estómago, sudoración en las manos y una sensación de pequeñez.

A nivel molecular, la exposición constante a situaciones estresantes provoca un aumento en la secreción de cortisol, la hormona del estrés. Esto altera el equilibrio hormonal, afectando la producción de estrógenos, progesterona y testosterona. Como resultado, pueden aparecer síntomas físicos como la pérdida de cabello, ya que el exceso de cortisol impide la regeneración del folículo piloso. A nivel psicológico, esto se traduce en irritabilidad constante, insomnio y un estado de alerta permanente. Muchas personas que viven en ambientes hostiles experimentan despertares nocturnos, producto del agotamiento que genera esta sobrecarga de estrés.

Vivir en un estado de supervivencia constante es insostenible. Y cuando este ambiente hostil proviene de la familia, el lugar que debería ser nuestro refugio seguro, el cuerpo empieza a manifestar de manera física el dolor emocional. Como suelo decir: el cuerpo habla lo que el alma calla.

La inspiración para escribir este libro surgió a partir de mi experiencia de vida y mi compromiso con el bienestar integral. Mi objetivo es promover una perspectiva basada en la salud mental y el crecimiento personal. A pesar de mi corta edad, he recorrido un camino arduo de esfuerzo y determinación, lo que me ha permitido desarrollar una filosofía de vida basada en el amor propio y el establecimiento de límites saludables.

Hoy te comparto este mensaje: todos, en algún punto de nuestra vida, tenemos que enfrentar situaciones con personas tóxicas. Establecer límites jamás es un ataque contra la otra persona, sino una cuestión personal de protección. Las personas tóxicas tienden a comportarse de esta manera porque no reconocen que tienen heridas por sanar y, por lo tanto, quienes están heridos tienden a herir. Sin embargo, las personas heridas que deciden sanar pueden también sanar a otros.

No es nuestro trabajo sanar a nadie; podemos acompañarlos en su proceso, siempre y cuando reconozcan que necesitan sanar. Ninguna patología puede ser tratada o curada si la persona que la padece no reconoce que está enferma. Y tú no puedes sanarte en el lugar donde te enfermaste.

Si algo quiero dejar como mensaje es que mereces vivir en paz, mereces perseguir tus sueños y mereces una vida plena. Esta es la única oportunidad, esta es tu vida. No permitas que nadie te haga sentir menos de lo que realmente eres. El dolor es la señal más clara de que es momento de cambiar. No esperes a romperte para empezar a establecer límites.

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