El cierre de La Cárcel Tres Marías: ¿Prisión o Colonia?
Por: José Luis Arenas López
Tres Marías, la cárcel que se convirtió en colonia y que era conocida como “La Tumba del Pacífico”, fue por más de un siglo una prisión sin muros ni rejas. Hoy, erróneamente, se le considera un “atractivo turístico”, rodeado de un mar excesivamente salado y un sol avasallante que, en conjunto, impedían el escape de los sentenciados.
Fundada en 1905 durante el gobierno de Porfirio Díaz, esta prisión está ubicada a 120 kilómetros del puerto de San Blas, Nayarit, y a 170 de Mazatlán. Estaba instalada en “María Madre”, la isla más grande de un conjunto de cuatro. Por ello, el nombre de “Tres Marías” no es del todo correcto: el archipiélago está conformado por San Juanito, María Magdalena, María Cleofas y María Madre (la única habitada). Fue hasta 2019 cuando el expresidente ordenó su cierre mediante decreto en su informe de los primeros 100 días de gobierno.
Durante su historia, más de 45,000 condenados pasaron por sus instalaciones, desde delincuentes reincidentes hasta opositores al régimen. Con las reformas al Código Penal de 1929 y 1931, llegaron reos de alta peligrosidad, entre ellos políticos, homosexuales, prostitutas, drogadictos, comunistas, así como ladrones, asesinos y violadores.
Cabe mencionar que la cárcel contaba con aserraderos, escuela, hospital y biblioteca. Esto la convirtió en una prisión de semilibertad con altos niveles de seguridad, incluso superiores a los de Alcatraz.
Uno de los intentos de fuga más sonados ocurrió en 2012, cuando seis presos improvisaron una balsa con bidones de plástico y madera, logrando alejarse 30 km antes de ser recapturados. En 2013, un motín estalló por los constantes maltratos y deficiencias en alimentación y agua. El saldo fue de cinco internos y un custodio muertos.
El 8 de marzo de 2019, los últimos 624 internos fueron trasladados en un operativo que duró un día y medio. ¿Fue acertado cerrar el complejo penitenciario de Tres Marías? Para muchos, la respuesta es negativa.
En este modelo de prisión, los reos trabajaban en camaroneras y aserraderos, recibían visitas familiares prolongadas y vivían sin rejas, lo que fomentaba la convivencia y la disciplina. La isla también albergaba a empleados de instituciones como la SEP, SCT, Correos de México, maestros, sacerdotes y familias de funcionarios y reclusos.
La entonces directora, Gabriela Cerón, aseguró que la cárcel contaba con certificaciones internacionales como modelo de reinserción social. Estudios incluso la consideraban superior a Alcatraz. Varios reclusos no querían dejar la isla. Según Cerón: “Se fueron comprometidos con lo que las islas les dieron: una situación distinta, con respeto”.
El artículo 18 constitucional establece que el sistema penitenciario debe organizarse sobre la base del respeto a los derechos humanos, el trabajo, la educación, la salud y el deporte como medios de reinserción. En Tres Marías, estos elementos eran palpables. Muchos internos llevaban una vida disciplinada y productiva.
El cierre de esta cárcel formó parte de un plan de clausura de otros centros penitenciarios como Puente Grande y Topo Chico. Hoy, el sistema sufre hacinamiento, sobrepoblación, falta de personal, deficiencias en programas de rehabilitación y violencia estructural, incluyendo tortura y autogobiernos.
En comparación, Tres Marías ofrecía condiciones únicas. Su ubicación aislada dificultaba fugas y permitía cumplir condenas en semilibertad. Era una alternativa viable para reubicar internos de alta peligrosidad y generar oportunidades laborales dentro del sistema.
En conclusión, el cierre de Tres Marías podría considerarse un error. Esta cárcel representaba una solución viable a muchos de los problemas que actualmente enfrenta el sistema penitenciario mexicano.




