Una deuda organizacional y un desafío desde el enfoque del behavioral compliance para construir un desarrollo sano para el futuro de la medicina mexicana
Por: Gabriel Abraham Chapa Abrego.
Las residencias médicas representan uno de los procesos formativos más importantes dentro del sistema de salud mexicano, pues constituyen la etapa donde se construyen las competencias profesionales, científicas y humanas de los futuros especialistas. Sin embargo, durante décadas este proceso ha operado bajo modelos organizacionales caracterizados por estructuras jerárquicas rígidas, prácticas hasta de sometimiento, normalización del maltrato, sobrecarga laboral y condiciones que favorecen el agotamiento profesional.
Las residencias médicas en México enfrentan una deuda organizacional derivada de la incapacidad institucional para garantizar ambientes formativos compatibles con la ética organizacional, la salud mental, el desarrollo profesional y hasta de la dignidad humana de los médicos en formación.
Desde la perspectiva del Behavioral Compliance, se sostiene que el problema no debe analizarse únicamente como la existencia de conductas individuales que pudiesen rayar en abusivaso violentas, sino como un fenómeno cultural donde determinadas prácticas lesivas son aprendidas, reforzadas y transmitidas entre generaciones médicas. De esta manera, muchos residentes que fueron víctimas de ambientes hostiles terminan reproduciendo dichos patrones cuando adquieren posiciones de autoridad, generando un ciclo institucional de repetición de conductas y del daño.
Esta dinámica produce riesgos psicosociales, y afecciones en el plano psicológico relevantes en el factor humano del sector médico, incluyendo burnout médico, pérdida de motivación profesional, deterioro de la empatía clínica y posibles afectaciones a la calidad de atención de los pacientes, detonando un innegable problema de salud pública.
Los médicos residentes han sido colocados históricamente en una zona de indefinición institucional: no son considerados plenamente trabajadores ni reconocidos en su totalidad como estudiantes, generando un “limbo jurídico” que facilita prácticas de abuso, sobrecarga y desprotección. Sin embargo, esta condición exige precisamente lo contrario: deben contar con una protección reforzada, incluso de carácter múltiple, primero que nada solo por ser personas, claro por su función esencial dentro del sistema de salud y por el alto valor social de la profesión médica[1]. En ese mismo tenor de protección, debería considerarse por el Estado de forma especial el que la formación de un especialista en medicina representa una inversión pública significativa; el Estado destina recursos económicos, humanos y materiales durante años para su preparación, por lo que permitir entornos que deterioren su salud física, mental o ética constituye no solo una afectación a sus derechos fundamentales, sino una pérdida institucional y social[2]. Proteger al médico residente significa proteger una inversión estratégica del Estado y garantizar la calidad futura de la atención médica nacional.
Asimismo, es de resaltarse el cómo factores estructurales como la insuficiencia o incluso disminución de plazas laborales, la precarización económica, la saturación asistencial, la falta de recursos hospitalarios y la concentración institucional del control sobre las residencias médicas generan condiciones propicias para relaciones de dependencia, discrecionalidad y riesgos de riesgos de integridad institucional[3].
Una verdadera transformación del sistema de formación del factor humano del sector de salud, requiere incorporar principios de compliance conductual (behavioral compliance), integridad institucional, gobernanza y liderazgo altamente ético, controles interinstitucionales y mecanismos y canales efectivos de prevención y denuncia.
Residencias médicas en México: una deuda organizacional del sistema sanitario con las nuevas generaciones médicas y el futuro de la medicina
La medicina tiene como finalidad proteger uno de los valores fundamentales de toda sociedad: la vida humana. Paradójicamente, el proceso mediante el cual se forman quienes tendrán la responsabilidad de cuidar la salud de la población continúa desarrollándose, en diversos espacios institucionales, bajo modelos culturales donde la presión extrema, la subordinación incuestionable e incluso el sufrimiento son considerados elementos naturales del aprendizaje médico del residente.
La residencia médica históricamente y naturalmente ha exigido alta disciplina, sacrificio y compromiso. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre una formación rigurosa y una cultura organizacional basada en el abuso de poder, continúa humillación y hasta la violencia económica y psicológica[4].
El problema central es que determinadas prácticas negativas han dejado de ser identificadas como anomalías y han adquirido una apariencia de normalidad institucional y parte del reto a cumplir incluso a nivel nacional[5]. Expresiones como “así se forman los médicos”, “todos pasamos por eso” o “la residencia debe ser difícil” reflejan un proceso de normalización conductual donde una experiencia negativa del pasado no tratada, se convierte en una justificación para reproducirla en el futuro.
Desde el Behavioral Compliance, este fenómeno representa una falla de cultura organizacional muy clara. Las instituciones no funcionan únicamente mediante reglamentos, códigos de ética o discursos oficiales[6]; funcionan mediante los comportamientos que realmente se premian, toleran y reproducen.
La reproducción generacional del maltrato médico.
Uno de los principales problemas del modelo actual es la transmisión generacional de prácticas dañinas. El residente que ingresa observa que quienes tienen mayor jerarquía ejercen poder mediante mecanismos de presión, intimidación o castigo. Con el paso del tiempo, ese comportamiento puede incorporarse como parte de la identidad profesional.
Se genera entonces un ciclo: Una generación sufre el abuso → aprende que es normal → adquiere autoridad → reproduce el mismo modelo.
Esta dinámica no significa que todos los médicos reproduzcan dichas conductas, pero sí evidencia la existencia de estructuras que permiten que sobrevivan patrones organizacionales negativos.
El problema adquiere especial relevancia porque los médicos que actualmente forman nuevas generaciones serán quienes dirigirán hospitales, servicios clínicos y equipos de salud en el futuro. Por ello, una cultura formativa deficiente no desaparece cuando termina la residencia; se proyecta preocupantemente hacia todo el sistema sanitario.
Burnout médico: un riesgo institucional y no solamente individual
El agotamiento profesional de los médicos residentes suele explicarse como una consecuencia natural de la intensidad de la profesión. Sin embargo, desde una visión de compliance conductual se advierte más bien como un factor alto de riesgo organizacional.
Maslach y Leiter han señalado que el burnout surge cuando existe una combinación prolongada de: Exceso de carga laboral; jornadas extensas; insuficiencia de personal; falta de recursos materiales; presión emocional constante; ausencia de reconocimiento profesional; incertidumbre laboral[7].
Un sistema que exige altos niveles de responsabilidad sin proporcionar condiciones adecuadas genera profesionales emocionalmente agotados. Esto representa un problema de salud pública, porque la calidad de la atención médica depende también del bienestar psicológico y anímico de quienes prestan los servicios.
Un médico sometido permanentemente a desgaste institucional puede ver afectadas capacidades esenciales como: empatía; comunicación; toma de decisiones; relación médico-paciente.
Problemas estructurales del sistema de residencias médicas mexicano
La deuda del sistema no consiste únicamente en mejores salarios o mayor infraestructura. Existe una deuda más profunda: la obligación institucional de garantizar que los futuros médicos sean formados dentro de ambientes compatibles con la dignidad humana.
Las nuevas generaciones tienen derecho a recibir una formación exigente, pero no una formación basada en la desvinculación emocional, el miedo y ruptura de la identidad y la voluntad propia.
El verdadero profesionalismo médico no surge del sufrimiento impuesto, sino del conocimiento, la responsabilidad, la ética y el acompañamiento de verdaderos profesionales con genuinas aptitudes docentes capaces de transmitir experiencia sin reproducir violencia injustificada.
La problemática de las residencias médicas no puede separarse de factores estructurales. México enfrenta una contradicción: requiere más especialistas, pero al mismo tiempo existen limitaciones en la creación de plazas laborales suficientes para absorber a quienes terminan su formación, y de igual forma presenta serios problemas de obstruccionismo por los mismos médicos al surgimiento de nuevos especialistas que compitan en el mercado profesional.
Esta situación genera: competencia extrema; incertidumbre profesional; dependencia institucional; vulnerabilidad frente a relaciones jerárquicas abusivas.
Además, muchos residentes enfrentan sistemas hospitalarios saturados, con grandes volúmenes de pacientes y recursos limitados para proporcionar atención con los estándares deseables internacionalmente.
Gobernanza institucional y riesgos de concentración de poder y monopolio en la formación de especialistas.
Otro elemento que requiere análisis es la concentración institucional del control Estatal sobre las residencias médicas.
Cuando una estructura concentra funciones relacionadas con: selección; formación; evaluación; permanencia y oportunidades profesionales. Se vuelve indispensable establecer mecanismos sólidos de transparencia, supervisión independiente y rendición de cuentas reforzados. Los sistemas modernos de compliance, como la norma ISO 37301:2021, reconocen que una cultura efectiva de cumplimiento requiere compromiso de la alta dirección, evaluación de riesgos y mejora continua.[8] Asimismo, la ISO 45003:2021 incorpora la gestión de riesgos relacionados con la salud psicológica dentro de las organizaciones.[9]
La concentración de poder no implica necesariamente corrupción, pero sí genera riesgos institucionales que deben prevenirse mediante herramientas de behavioral compliance en el sector público. Un sistema organizacional sano requiere: canales independientes y externos de denuncia; protección contra represalias; auditorías de cultura organizacional; evaluación y prevención de riesgos psicosociales; mecanismos de integridad privada y pública.
Las residencias médicas mexicanas enfrentan una deuda organizacional estructural que debe ser atendida si se pretende construir un sistema de salud sostenible y humano.
El futuro de la medicina mexicana depende de la capacidad institucional para romper con modelos culturales donde el abuso se transmite como tradición.
El marco de trabajo y soluciones organizacionales que ofrece el Behavioral Compliance parte de una premisa fundamental: las personas no actúan únicamente conforme a reglas formales, sino conforme a la cultura que perciben dentro de una organización[10]. Los incentivos, liderazgos y dinámicas sociales influyen directamente en las decisiones individuales por lo que la solución no consiste únicamente en sancionar individuos, sino en transformar los incentivos, estructuras y comportamientos que permiten que estas prácticas continúen reproduciéndose. Pues formar mejores médicos exige abandonar prácticas que confunden formación con sufrimiento y autoridad con sometimiento y crear mejores ambientes de formación.
La medicina del futuro no puede construirse sobre generaciones agotadas mental y emocionalmente, sino sobre profesionales formados en instituciones donde la excelencia científica conviva con la integridad, el respeto y la dignidad humana.
[1] Organización Mundial de la Salud (OMS), Framework on Health Workforce Education and Training (2013), sobre la importancia de garantizar entornos formativos adecuados para los profesionales de la salud.
[2] UNESCO, Recomendación relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior (1997), como referencia al deber institucional de proteger procesos formativos profesionales.
[3] NESCO, Recomendación relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior (1997), como referencia al deber institucional de proteger procesos formativos profesionales.
[4] https://youtu.be/-y_Lw3Xcu04?si=8QDJ6Wq9QZPCzoZo
[5] Diane Vaughan, *The Challenger Launch Decision: Risky Technology, Culture, and Deviance at NASA* (Chicago: University of Chicago Press, 1996).
[6] . Christine Parker, *The Open Corporation: Effective Self-Regulation and Democracy* (Cambridge: Cambridge University Press, 2002).
[7] Christina Maslach y Michael P. Leiter, “Understanding the Burnout Experience: Recent Research and Its Implications for Psychiatry,” *World Psychiatry* 15, no. 2 (2016): 103–111.
[8]International Organization for Standardization, *ISO 37301:2021 Compliance Management Systems — Requirements with Guidance for Use* (Geneva: ISO, 2021).
[9] International Organization for Standardization, *ISO 37301:2021 Compliance Management Systems — Requirements with Guidance for Use* (Geneva: ISO, 2021).
[10]Daniel Kahneman, *Thinking, Fast and Slow* (New York: Farrar, Straus and Giroux, 2011); Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein, *Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness* (New Haven: Yale University Press, 2008).




Deja una respuesta